Conmigo no.

by Srta. Adler

Cuando Helena cruzó la puerta del estudio de tatuajes, Sienna estaba sola. Dibujaba, sentada frente a la mesa que hacía de mostrador. Dibujó una sonrisa ladeada mientras observaba a la recién llegada y apoyó el codo en la mesa para luego apoyar el mentón sobre la palma de la mano. Mordisqueó el lápiz mientras la veía acercarse y giró en la silla, separándose de la mesa, cuando la morena llegó a su altura.

—¿Vas a regalarme un tatoo hoy? —preguntó la morena mientras daba un beso en la mejilla a Sienna.

—Ni lo sueñes —rodeó la cintura de Helena para acercársela y soltó un suspiro cansado mientras apoyaba la cabeza contra el vientre de la morena. Notó la mano de Helena recorrerle la melena unos centímetros antes de separarse, decidiendo que ya habían tenido suficientes carantoñas. Sabía que Helena estaría extrañada por esa muestra de cariño por su parte ya que nunca solía tenerlas con ella ni con nadie que no fueran Jack, Mike o su hermano Demetrius. Helena ya sabía lo fría que era, y también Sienna sabía que, al principio, a Helena le molestaba. Con el paso de los meses había visto como su amiga se acostumbraba al trato distante. Siempre la comparaba con un gato, cosa que la molestaba profundamente porque, según palabras propias, ella era un lobo, no un gato. Optó por no mediar palabra cuando Helena probó suerte y se coló en el hueco entre el cuerpo propio y la mesa que acababa de volver a encarar. La dejó sentarse sobre sus piernas. Inmediatamente, rodeó el cuerpo de Helena con las manos y apoyó la barbilla en su hombreo.

—¿Qué te pasa? —preguntó. Sienna negó con la cabeza.

—Nada.

No recordaba una pelea con Jack y Mike. Debía tener quince años cuando Michael se acercó a ella por primera vez. Durante la época más oscura de Sienna, Michael y Jack habían salido de la nada para sacarla del inmenso pozo en el que se había metido tras la muerte de su hermana menor. La relación era tan estrecha que había dejado de imaginar una vida sin ellos. Sienna siempre había sido de la opinión de que todo cambiaría a su alrededor pero que ellos tres iban a permanecer igual para siempre. Se equivocaba. Las pruebas estaban frente a ella. Desde que Lynn, su prima y exnovia de Jack, se había ido todo empezaba a desmoronarse. Sienna entendía por que se iba. Lynn tenía una voz perfecta. Mezzosoprano, un buen timbre, era guapa y joven, explosiva. No le había extrañado que otro grupo apareciese para ofrecerle un sitio en su banda, una banda a las puertas del debut. Había visto a Jack apoyar a Lynn. Estaba segura de que él no quería que Lynn se marchase pero que la apoyaba porque hubiese sido una estupidez no hacerlo, no comprender su decisión. Le había visto soportar los últimos meses y pasar tiempo con ella e incluso acompañarla al aeropuerto y despedirla con una sonrisa. Desde el momento en que el vuelo de Lynn partió, Jack se había vuelto mucho más malhumorado de lo que solía ser. En algún punto él y Lynn dejaron de hablar y al final incluso Sienna y Michael dejaron de nombrarla frente a Jack. Las discusiones y cabreos habían empezado a sucederse uno tras otro y, al final, el ambiente tirante entre los tres había conseguido agotarles. Jack se iba a Italia. Decía que iba a volver, pero la duda siempre estaba ahí. Sienna aferró el agarre y el peso de la cabeza de Helena sobre su hombro la obligó a abandonar sus pensamientos para girar la cabeza y mirarla.

—Mentirosa.

Sonrió contra el cuello de Helena y pasó la nariz por la piel sensible del mismo hasta llevar sus labios tras la oreja de la morena donde dejó un mordisco suave antes de descender, arrastrando suavemente los dientes, de nuevo hasta la curva que unía el cuello y los hombros. Mordió la zona algo más intensamente a tiempo que recorría con las manos abiertas los brazos desnudos de Helena y notó como provocaba en ella un escalofrío.

—Se te ha puesto la piel de gallina —susurró contra el oído de Helena y observó el movimiento de la garganta de su amiga al tragar saliva. Helena se levantó de golpe y se cruzó de brazos, con expresión molesta. Sienna soltó un suspiro cargado de resignación y se dejó caer contra el respaldo de la silla en la que estaba sentada.

—No desvíes el tema, nunca me cuentas nada —reprochó. Sienna se pasó las manos por la cara y se echó el cabello rubio hacia atrás.

—Por esto jamás salgo con mujeres… —soltó hastiada y se levantó de la silla para caminar hasta los cajones de detrás del mostrador.

—Siempre tienes carantoñas y mimos para Jack o Michael, para Demetrius. Siempre los buscas a ellos pero cuando te pido yo una relación normal saltas con eso. ¿Es que no te importa ni un poco como me sienta?

—No empieces con eso Helena —sentenció dándose la vuelta para encontrarse a Helena componiendo una expresión dramática— Sabes de sobras que tus lágrima de cocodrilo no van a ablandarme ni un poco —prosiguió mientras se volvía a los cajones de nuevo y encontraba, al fin, la goma de borrar. Volvió hasta la mesa para dejarla junto al lápiz y, desde su casi metro ochenta observó a su amiga, veinte centímetros más bajita.

—Solo quiero que me tengas en cuenta igual que a ellos.

—Eso no va a pasar. Ni hoy ni nunca, ya lo sabes —ante su sinceridad cruel, notó las manos de Helena contra su abdomen, empujándola. Observó a Helena separarse de ella unos pasos, pero alargó el brazo para agarrarla de la muñeca y tirar de ella— Helena, no juegues a esto porque vas a perder. Cada vez que lo intentas pasa lo mismo, no va a ser distinto esta vez —rodeó la cintura de su amiga con un brazo y con la otra mano le alzó el mentón para besarla— No seas cría, estoy cansanda. Se buena… —murmuró mientras apoyaba la frente contra su hombro y la abrazaba— …por favor.

—¿Hay algún Gruen sobre la faz de la tierra que no consiga lo que quiere? —. Sienna notó como Helena relajaba el cuerpo y sonrió estrechando el abrazo.

— Un Gruen siempre consigue lo que quiere.

Suena: This Summer – Maroon 5

@SrtaAdler