Conocerse [2]

by Srta. Adler

No se detuvo demasiado en pensar que impresión había causado en Falk porque no pretendía causar ningún tipo de impresión. No había decidido como quería que él la viese y cuando él le sostuvo la mirada se le ocurrió que, tal vez, debería haber pensado en algo antes de aparecer. Estaba, sin embargo, demasiado ocupada con el trabajo como para desperdiciar su tiempo en idear un modo de causar una buena impresión. Por otro lado, todo lo que quería de Falk era contratarle como asesor y consejero para que él cubriera las carencias que ella tenía en la administración y dirección de la empresa de William. Porque no tenía el tiempo suficiente para dedicarse a los asuntos de importancia y sus conocimientos sobre economía de mercado y todos aquellos términos eran escasos. No, se dijo, definitivamente no era necesario causarle una buena impresión, porque todo cuanto interesaría a Falk, como a cualquier otro trabajador, sería recibir su sueldo a final de mes. Tal vez, pensó, eso tampoco era lo que ella buscaba. Entrecerró momentáneamente los ojos para escrutar a su acompañante que estaba, en aquel momento, centrado en su teléfono móvil. Segundos después, el sonido del suyo própio la catapultó al mundo real, lejos de sus cavilaciones y, tras un ligero respingo, buscó el teléfono en el bolsillo de la americana.

—Vaya, suena. Me preguntaba si estaba roto dado que no has contestado a mi e-mail. Por lo que observo, no se trata de un problema tecnológico —las palabras del hombre confirmaron que el número desconocido que había en la pantalla era el de él—. Tampoco se trata de una malformación en las falanges —añadió el rubio, señalando las manos de Carrie. Ella ni se molestó en desviar la vista—,  así que intuyo que eres una chica de pocas palabras y que no tenías nada que decir.

Inteligente, decidió. La maniobra empleada había sido astuta. No es que le sorprendiese ese intento de deducción Sherlockiana, de todos modos, pero le pareció una buena encerrona para pedirle explicaciones. Claro que ella no iba a darle explicaciones de porque no había contestado. Sencillamente no lo había hecho, punto. Se preguntó cuanto tiempo le habría llevado al rubio pensar en aquel movimiento mientras intentaba evitar una sonrisa que amenazaba con dibujársele en los labios ante la encerrona del hombre. Impertinente, añadió a su lista mental de calificativos que seguían al nombre de Owen Falk:. Quería decidir si era un hombre competente y lo iba a decidir en aquella cena. Si no le convencía podría plantearse darle una oportunidad durante un tiempo, pero acabaría mandándole a paseo si la opinión que se formaba durante aquella noche no era satisfactoria, con total seguridad. Ya lo había dicho en otras ocasiones: intentaba ser tolerante y no emitir juicios previos, pero a veces le costaba. En lo personal, aquella decisión iba a ser demasiado importante como para mantenerse objetiva. Sabía que necesitaba alguien de quien poder fiarse y también sabía que la confianza requeriría tiempo, pero quería ver a alguien competente sentado en su despacho. No dijo nada. Simplemente le dejó hablar y trató de evitar sonreír, aunque la curva se adivinaba ligeramente en su comisura izquierda, levemente ladeada hacia arriba.

— Me llamo Owen Falk, pero supongo que ya lo sabe.  Parece ser que nos han prometido. No estoy de acuerdo y puedo apreciar que tu tampoco.  Así que, ¿qué espera de este matrimonio?

Le observó durante unos segundos antes de decidirse a contestar. No iba a presentarse, había resuelto. Él sabía su nombre tan bien como ella el de él sin necesidad de presentaciones. Se acomodó en la silla, manteniendo sus orbes claros en el hombre mientras ensayaba una respuesta en su cabeza. ¿Que esperaba de aquel matrimonio?

—Que no se celebre —contestó, sin ningún añadido. Eso era todo lo que esperaba de aquel matrimonio, definitivamente. Que, de algún modo u otro, llegase a no celebrarse. Ambos estaban en desacuerdo con contraer nupcias y eso le dio un punto a favor al rubio. Podía planear con él algún tipo de jugada contra sus padres. O hacer un pacto. Tratarían eso cuando pudieran confiar el uno en el otro. Sin embargo, que no quisiera casarse no significaba que no necesitase a Falk—De todos modos —prosiguió— ya que nos han puesto en esta… —se detuvo un momento, a penas unos segundos, en busca de una palabra adecuada— incómoda —concluyó marcando el adjetivo— situación quiero aprovecharla. Y usted, ya que está aquí, supongo que también. —lo miró, esperando que él lo corroborase, pero sin un ápice de duda en el tono ni en la expresión— Así que, dígame ahora usted… ¿Que espera de este matrimonio?

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