SrtaAdler

«Beauty is terror»

Volver. [2]

Cuando los golpes en la puerta la despertaron eran las siete menos diez de la tarde. Entreabrió los ojos con un quejido y sintió el dolor apoderarse de sus sienes. Tardó unos segundos en acostumbrarse a la luz que alguien había encendido y cuando logró enfocar la mirada, descubrió a su hermano apoyado en el marco de la puerta. Alto, rubio y de ojos azules, se parecía mucho a ella. Cuando de pequeña había llevado el pelo corto, era costumbre que la gente la confundiera con él. Podrían haber pasado por mellizos si él no fuera tres años mayor. Demetrius Gruen era la persona en la que más confiaba en el mundo, pero también el grano en el culo más grande en su vida. Sabía perfectamente que estaba pensando incluso antes de que él abriese los labios, así que resopló. Demetrius ensanchó aun más la sonrisa ladina de sus labios y guardó silencio con el objetivo de torturarla unos segundos más. Sienna se puso finalmente en pie fulminándolo con la mirada y negó con la cabeza. Read the rest of this entry »

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De no dormir.

Hace cosa de año y medio, allá por el setiembre de 2014, llegó a mi casa una bolita de pelo menudita y adorable a la que decidí que daría mi eterno amor incondicional desde aquel primer contacto hasta que la cruel muerte nos separase. Los primeros días fueron duros, sí. Ella llegó a mi con cinco días, su madre la había abandonado, y me tocó darle el biberón. Siendo tan chiquitina, tenía que darle leche -especial para ella– cada dos horas, así que podéis imaginar que mis noches no eran precisamente tranquilas. Pero bueno, lo hacía con gusto y sin sufrimiento alguno más allá de tener que levantarme para hacerle biberones. También tenía que ayudarla a ir de vientre, a hacer pipí… Bueno, lo típico que haría mamá gato a gatito recién nacido, nada que no sepáis, supongo. Cuando pudo empezar a comer solita, eso de levantarse cada dos horas se acabó y ella misma aprendió a usar su arenero solita y en tiempo record. Mamá estaba orgullosa de su peque. Read the rest of this entry »

Conocerse [2]

No se detuvo demasiado en pensar que impresión había causado en Falk porque no pretendía causar ningún tipo de impresión. No había decidido como quería que él la viese y cuando él le sostuvo la mirada se le ocurrió que, tal vez, debería haber pensado en algo antes de aparecer. Estaba, sin embargo, demasiado ocupada con el trabajo como para desperdiciar su tiempo en idear un modo de causar una buena impresión. Por otro lado, todo lo que quería de Falk era contratarle como asesor y consejero para que él cubriera las carencias que ella tenía en la administración y dirección de la empresa de William. Porque no tenía el tiempo suficiente para dedicarse a los asuntos de importancia y sus conocimientos sobre economía de mercado y todos aquellos términos eran escasos. No, se dijo, definitivamente no era necesario causarle una buena impresión, porque todo cuanto interesaría a Falk, como a cualquier otro trabajador, sería recibir su sueldo a final de mes. Tal vez, pensó, eso tampoco era lo que ella buscaba. Entrecerró momentáneamente los ojos para escrutar a su acompañante que estaba, en aquel momento, centrado en su teléfono móvil. Segundos después, el sonido del suyo própio la catapultó al mundo real, lejos de sus cavilaciones y, tras un ligero respingo, buscó el teléfono en el bolsillo de la americana. Read the rest of this entry »

Volver.

Nueva York era la ciudad que la había visto crecer pese a que había nacido en Alemania, como todos los Gruen. Aunque consideraba que Alemania era su casa, su patria, Nueva York era la ciudad a la que siempre volvía. Como si algo allí la mantuviese atada. Una cuerda invisible que le permitía moverse a otros lugares, pero que, en un determinado momento, se tensaba y acababa llevándola de vuelta. Bajó del tren a las ocho de la mañana, cargaba solo su bajo y un maletín con sus herramientas de tatuaje. Viajaba sola, y viajar sola la agotaba tanto como la deprimía. Suspiró y echó hacia atrás el pelo que le caía sobre la frente. Cuando salió de la estación divisó la cabellera rubia de Ada, su hermana menor, que alzó la mano para llamar su atención. Sienna observó a su hermana unos segundos. Aun llevaba el uniforme militar, así que significaba que había llegado hacía poco. Cerró la distancia entre ambas y la abrazó con la mano libre. La menor hizo lo propio. Read the rest of this entry »

Conocerse.

Su madre siempre había sido una mujer despierta. Una mujer de esas que no teme moverse, hacer cosas por si misma, una mujer que sabía jugar bien sus cartas y que miraba por sus intereses y bien estar. Todavía no comprendía por que se había casado con su padre, un hombre que no tenía nada material. Suponía que, cuando era joven, se había enamorado de verdad. Pero su padre no había resultado ser el hombre que Darla esperaba, y tampoco el padre que Carrie quería. Las había decepcionado a ambas. Comprendía que Darla se hubiera divorciado de él. También comprendía, ahora y tras varios años, que se había casado con Bill no por amor hacia él si no por amor a su creciente fortuna, una fortuna de la que podía beneficiarse. Pero tras conocer a su actual marido, no mucho más rico que Bill, pero si mucho más emprendedor y preocupado por sus ingresos, los millones de Bill habían dejado de brillar tanto. Read the rest of this entry »

Como Guernica.

La sala la envolvía con la sofocante combinación de blancos, grises y negros. Alguien había tenido la absurda idea que aquellos colores aportarían tranquilidad a quien tomase asiento en el cómodo sofá de negro cuero artificial. Todo parecía terriblemente estéril y frío pese a que estaba decorado con jarrones llenos de ramas de bambú y figuras varias. El verde era el único color que resaltaba contra tanto blanco, gris y negro. Aquello solo la agobiaba más. La estancia estaba impregnada de ese detestable olor a desinfectante que le recordaba al olor de los hospitales. El típico olor con el que cuando preguntabas “¿a que huele?” la gente contestaba “a nada” o “a limpio”. Solía molestarle esa reacción. Ni olía a una supuesta “nada” ni olía a “limpio”. Olía a desinfectante, a detergente, a legía, o al producto toxico que hubieran usado para limpiar el lugar. Read the rest of this entry »

Propina.

Cuando levantó los ojos de la carta el camarero estaba de pie junto a ella. Sintió los ojos azules clavarse en los propios y casi se sintió intimidada ante la clara inspección que el hombre efectuaba sobre ella, como intentando decidir que tipo de clienta era. Por suerte, Melo Kinney tenía la utilísima capacidad de camuflar tan bien sus reacciones que difícilmente se hubiese notado su nerviosismo repentino al encontrar al hombre mirándola con semejante fijeza. Se humedeció los labios y devolvió los orbes verde claro hacia la carta con inusitada lentitud para acabar de decidir que quería desayunar aunque no tenía tanta hambre como para que algo le apeteciese. Read the rest of this entry »