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«Beauty is terror»

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Voy a criticar cosas [1]: Romanticismo errado.

¿Qué es el romanticismo? ¿Qué es ser romántico? ¿Qué es una cena romántica? Sé lo que estáis pensando todos -o la mayoría-, sé lo que contestaríais a esas preguntas, y por eso tengo algo que deciros: Os odio. Os odio por deformar el significado de romanticismo y sus derivados. A ver si queda claro de una maldita vez: aunque la definición esté aceptada, el romanticismo no tiene absolutamente nada que ver con los actos de amor. Puede tener que ver, sí, pero no en el modo cursi y asqueroso en que lo cataloga la mayoría de la sociedad. No. Yo me niego a aceptar que cataloguéis como románticas a películas del estilo “El diario de Noa”. O que llaméis novela romántica a novelas como “Perdona si te llamo amor”. No solo me niego a aceptarlo, además es que me cabrea profundamente.

El romanticismo es un movimiento artístico y cultural desarrollado durante el período homónimo, allá por el siglo XIX. Un movimiento revolucionario que rompe con las reglas establecidas en anteriores movimientos, que intenta imponerse a la racionalidad de la Ilustración y es cierto que prima en él el sentimentalismo, pero nada que ver con actos de amor y en cursilerías nivel usuario, si no con la nostalgia, la rebeldía, la creatividad y originalidad, o la primacía del Yo.

Yo, cada vez que alguien incluye “cita romántica” en una oración, me imagino al organizador en cuestión teniendo en cuenta cuanto le gustaría hacer a él, sin pensar en aquel a quien está invitando a la cita mencionada. El YO como individuo ajeno al resto, señores. Individualismo puro y duro. Imposición de los sentimientos propios frente al colectivo. Me imagino algo decadente, con poca luz, un ciprés de fondo y naturaleza muerta. Y a ella pálida, con un vestido oscuro y a él cual Don Juan seduciendo a una monja. Sí, lo sé, estoy exagerando el concepto, pero desde luego, para mí, romanticismo no es una cena con mantel rojo, flores y velas perfumadas.

Así que señores, si no queréis una interminable charla sobre qué es y qué no el romanticismo, la próxima vez que vayáis a usar el término romántico delante mío, pensad en esta entrada.

 

No correspondencia. #Adlerfilosofa [3]

Hoy estoy entre cursi, filosófica y algo gore, todo a la vez. Tal vez sea el cansancio que llevo acumulando de todo el fin de semana sin descansar demasiado o el mal humor que me invade el cuerpo, no sabría que decir. La cuestión es que me ha dado por pensar en el amor no correspondido (no preguntéis, por favor), en lo que es, en lo que conlleva, y en como se enfrentan a él las personas. Quería una sentencia para definir el amor no correspondido. Y diréis, “Simple: es cuando quieres a alguien y ese alguien no te quiere a ti”. Sí, esa definición es válida, pero es tan simple que le quita por completo el encanto al concepto. Yo no quería definir tan literalmente lo que era, si no ponerle algo más de sentimiento, ilustrar el sufrimiento que conlleva, pero, a su vez, plasmar lo hermoso del asunto. Cómo voluntariamente sufrimos por culpa de esto. Y, mientras escribía un relato que a acabado en la papelera junto a otros 500, ha salido una frase útil:

“Pero él tenía mérito. Se había llevado un segundo pedazo de ella que podría archivar junto al que tiempo atrás ya le había robado. Y lo peor era que sabía perfectamente que podría llevarse un tercer y un cuarto pedazo de querer hacerlo. Porque estaba enamorada y eso era el amor no correspondido: permitir que esa persona arrancase pedazos de ti para llevárselos consigo y volver a por más cuando lo necesitase.”

Y he llegado a la conclusión de que el amor no correspondido es oscuro, romántico (en el sentido literario del asunto) y hermoso. Sobre todo hermoso. Más que el amor correspondido, tan sencillo, cómodo y conformista. He acabado pensando en la frase de “El Secreto” de Donna Tartt: “Beauty is terror. Whatever we call beautiful, we quiver before it.” Porque eso es lo que ocurre exactamente con el amor no correspondido. Es terrible, pero es hermoso y lo buscamos irrefrenablemente.

Una sociedad enferma

En la vida, hay cosas que crees que jamás van a pasarte a ti. Por lo general, las desgracias que vemos en el mundo quedan ajenas a nosotros y no solemos entender las situaciones que nos cuentan porque no las hemos vivido. Por más que nos las cuenten, las experiencias siguen siendo de otros y no nuestras. Los individuos de esta sociedad (estoy generalizando, por supuesto) no empatizan con su entorno, es así. Las personas somos individualistas. “El hombre es un lobo para el hombre”, que dijo aquel. Cada uno nos preocupamos de nuestros propios problemas y si sabemos que otros sufren no nos importa, siempre y cuando nosotros estemos bien. Ya he dicho que estaba generalizando. Sé que no todos somos así. Yo misma me considero solidaria, suelo empatizar con los demás (tal vez demasiado) y por eso me sorprendo (e indigno en sobremanera) siempre que otros no lo hacen.

Pero si ya me indigno cuando no ayudan a otras personas, podréis imaginar que, cuando la afectada con la que nadie se solidariza soy yo, la cosa empeora, porque me doy cuenta de lo que se siente, y no me gusta saber que, ahí fuera, hay miles de personas sintiéndose así. Pero no quiero exagerar, así que voy a explicaros lo que me pasó hace dos días, el Lunes: Read the rest of this entry »

Me he olvidado… #Adlerfilósofa [2]

so every day I replay you saying my name over and over in my head

Una foto publicada por A N A S T A S I A (@anastasia.tasou) el 29 de Jul de 2015 a la(s) 2:45 PDT

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Incapaz. #Adlerfilosofa [1]

Llevo días con la inspiración de vacaciones. Más bien es una racha que lleva alargándose ya un buen tiempo. Verdaderamente no entiendo lo que pasa. No encuentro nada, ningún detalle a mi alrededor que me inspire. Mi creatividad, de la que, por suerte, antes podía presumir, se ha ido al garete. Da rabia. Sobre todo cuando antes sacaba un relato hasta mirando el palo de la fregona, sin exagerar. Read the rest of this entry »